domingo, abril 26, 2009

México se pone la mascarilla

Pablo Ordaz | El País

:: La ciudad se tapó la boca y siguió viviendo. Los habitantes del Distrito Federal, acostumbrados a lidiar con la contaminación, el tráfico infernal, la inseguridad ciudadana y hasta el peligro siempre latente de terremotos, añadieron a su larga lista de inconvenientes la amenaza de un nuevo tipo del virus de la gripe. Y lo hicieron con naturalidad, sin escenas de pánico ni de histeria, a lo que contribuyó el hecho de que hasta última hora de ayer (madrugada peninsular) no se supo que la cifra de fallecidos había ascendido a 81 desde que, el pasado jueves, se confirmara el brote.